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Bienvenidos sean todos a este pequeño rincón dedicado a la literatura, a la magía de la prosa y el embrujo de los versos.
De la mano de Carlos B.T Chaplin y Txetxu intentaremos llegar a remover experiencias, sentimientos ,miedos, ambiciones y sobre todo a animar a todos a aquellos a lanzarse al viaje emocionante de la literatura
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miércoles, 2 de junio de 2010

·La bisectriz de la canica·



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Me pensaba acabar en el principio de mi vida,

dar una pizca de azul cielo a las líneas del final,
tragar aire por mis venas que hablan de heroína
o poner telón negro y carretera sobre el mar.

Se fundió el trinar de los pájaros en la vega,
calmó el ruido a la tranquilidad de los ojos,
mi adiós picó como los besos de las abejas
e hicieron las paces las lágrimas y los ojos rojos.

El mundo se me hizo canica sin la que poder jugar,
mellada, frágil, corrompida en su policromía,
la bisectriz de su espiral dejó de soñar
y el nivel de empatía se perdió de la vida.

El eco responde con retahílas
a los gritos de libertad en los oprimidos,
el silencio desploma con su vacío
al realismo de la esperanza y la ira.

Y persiste mellada ,frágil y corrompida,
la bisectriz de la canica.

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Por txè!

·Los sueños de Santa Clara·


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Se desluce el cielo caribeño con el humo de Santa Clara. El regimiento se ha ido retirando hacia sus puntos más fuertes, la central de policía y el cuartel. Se corre la voz, galopando por las lenguas alegres. La victoria rebelde es un hecho.

El tren blindado descarrilado, las columnas de refugiados, los cuerpos amontonados y las canciones victoriosas bombardean las calles. ¿Cuánto tiempo? ¿Dos años quizás? Mucho tiempo comiendo sueños y meando sangre en las montañas. Para Miguelito “Cabrón” había sido un tiempo divertido, no había tenido que trabajar por una miseria mirando la cara sonriente del sacarócrata de turno. Ahora los había matado a todos, matado con cada sacudida del rifle al disparar, saboreando el dolor punzante del retroceso en su hombro.

Todos observan a los soldados desde la Universidad Central de las Villas, chupando sus cigarros, quemando la vida que se les regala tras cada combate. Nadie habla, el silencio fecunda el aire preñándolo de miradas.

Él por allí anda, solo por la calle hacia el enemigo, con su pipa centelleando entre sus dientes dejando estela dulzona y bonita. Y es cuando Miguelito “Cabrón” y sus compadres se preguntan, de qué mundo de sueños ha salido ese argentino loco.

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Por Carlos B.T. Chaplin